Hoy en día todos conocemos más de un caso de parejas que han fracasado
como tales por uno u otro motivo. De hecho, se dice que más de la mitad de los matrimonios acaban en divorcio.
Los motivos pueden ser de lo más variado. Culpamos a la presión que nos imponen nuestros trabajos, a la velocidad con que se quiere vivir el máximo de experiencias, a la poca paciencia o a la tendencia que se tiene a tirar la toalla ante el primer desacuerdo e incluso a la ten-tación que supone tener personas disponibles en nuestro entorno tengamos la edad que tengamos.
La carencia de valores, la falta de compromiso y el desconocimiento de que la convivencia nunca es un camino de rosas por mucho amor que haya, también son otros motivos.
Con todo este panorama de inestabilidad y rupturas de parejas podemos observar que tampoco todas ellas acaban en separación o divorcio. Y a su vez, dentro de este grupo de parejas estables no todas ellas tienen un funcionamiento satisfactorio. Hay algunas que aunque no se separen no sería disparatado que lo consideraran. Sufren continuamente discusiones, malos tratos verbales, distanciamiento, falta de respeto e incluso infidelidades mutuas.
Pero no todo va a ser negativo. Hay un porcentaje de esas parejas estables que sí tienen una convivencia envidiable y sí que se sienten bien juntos y viven una relación basada en el compromiso y la confianza.
No es que se trate de un camino de rosas. Son parejas conscientes de que el enamoramiento efervescente del principio no dura mucho y que saben sortear exitosamente las situaciones difíciles a las que se enfrentan juntos. Son lo que podríamos llamar parejas sanas. ¿Cuál es el secreto del mantenimiento y crecimiento de estas parejas?
- Crean un vínculo de pareja entre los dos que se va fortaleciendo conforme pasa el tiempo y han sabido, de esta manera, transformar la pasión inicial en algo cada vez más sólido.