Quererse a sí mismo
puede parecer algo
común y básico en los
seres humanos. Sin
embargo, no siempre se logran los
niveles ideales para vivir una vida
sana mentalmente y proyectarla a
los demás. Por eso, el trabajo consta
en trabajar el espíritu para dar
pasos hacia la anhelada felicidad
proyectando así el concepto de lo
bello.
Si bien la belleza cumple estereotipos
fijados por la sociedad que van
cambiando a lo largo del tiempo,
una autoestima sana suple estas
exigencias y las supera. De hecho,
el escritor Miguel Ángel Montoya
cuenta en su libro “Autoestima”:
“Si me considero valioso, puedo
lanzarme a ser más creativo, más
productivo, mantener relaciones
más saludables, y, en consecuencia,
disfrutar más de la vida”.
¿Cómo fortalecer la
autoestima?
Para lograr este objetivo es necesario
trabajar sobre los siguientes
puntos:
- El auto-concepto, es decir, el
concepto que como persona tengo
de mí mismo.
- La auto-imagen, la cual tiene un
componente exterior, por ejemplo,
que tan hermosa me veo y me
siento respecto a otros.
- El hetero-concepto que se refiere
al concepto que otros tienen de
mí.
- La hetero-estima, es decir, el
afecto que otros sienten por mí.
Cuando se trabaja sobre estas dimensiones
de la autoestima, llega
la auto-aceptación, o en su defecto,
el auto-rechazo. En trabajos
terapéuticos, estos componentes
se trabajan a través de tareas sencillas
como pedirle al paciente que
enumere sus cualidades, sus habilidades
y sus gustos, entre otras
cosas.
También se pide a personas cercanas
que hagan lo mismo. Además
de lo anterior, se solicita que la persona
haga cosas que le gusten, en
las que sienta placer y en las que
sus habilidades sean aprovechadas.
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