Pese a la protesta de tramoyistas envueltos en una disputa laboral, que se efectuó antes del concierto en Los Ángeles, EE.UU., la presentación comenzó con normalidad.
Incluso, a pesar de los precios más elevados para un espectáculo de pop, no había entradas disponibles para el concierto.
Con su 47 años, Madonna mostró la agilidad y el vigor de alguien con la mitad de su edad.
La cantante emergió de una gran bola de espejos que bajó desde el techo, justo al final de la pasarela de modelaje que se levantó en el escenario.
Diva de la música
Vestida con un traje sadomasoquista, y un látigo, Madonna arrancó el show con la pieza "Future Lovers (Amantes Futuros)".
En el fondo del escenario, se veían videos de personas cayéndose de caballos como una manera de burlarse de su propio y muy publicitado accidente de equitación.
No pasó mucho tiempo para que ofreciese al público la popular canción "Like a Virgin (Como una Virgen)".
Luego, Madonna se suspendió de una gran cruz de espejos a la vez que cantaba la balada "Live to Tell (Vivir para Contarlo)".
Basada en el álbum "Confessions on a Dancefloor (Confesiones sobre la Pista de Baile)", se les ofreció a los aficionados una mezcla hedonista de música dance y disco.
"Creo que ella es espectacular", señaló Todd Noble, de San Diego, EE.UU.
"Yo la vi hace 15 años y es divertido pensar que ahora tengo 36 años y la sigo viendo, igual o mejor que en otro tiempos: es fenomenal", aseveró Noble.
"La adoramos, pero no fue suficiente", terció Micole Noble.
Otros asistentes se mostraron descontentos que el concierto tuvo un final abrupto
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